Libros que NO me acuerdo haber leído

Primer libro leído: Rapsodias de otoño, George Topârceanu, que contenía poesía ilustrada, libro prestado de la biblioteca del cole, cuando tenía 9 años. Todavía recuerdo la emoción de elegirlo entre lo que me parecía un océano de libros, la carrera para llegar a casa a leerlo. Era un día de lluvia y me apresuré en terminar mis deberes para poder leer. Lo acabe en media hora y me fui corriendo para ver si estaba todavía abierta la biblioteca. La bibliotecaria, una mujer de edad indeterminada, de sexo todavía más ambiguo, que vestía estilo AC/DC, me miro extrañada, ya que yo era la joya de la rebeldía en clase cuando le tocaba sustituir a la señorita, y me dijo que esta vez haría una excepción, pero que normalmente no se prestan y se devuelven en el mismo día los libros. Me acuerdo de la biblioteca, me acuerdo perfectamente de las manos de la mujer escribiendo en la ficha, el olor que desprendía esta mujer y sobre todo el olor de los libros que allí vivían. Sé que ha sido uno de los momentos claves de mi vida ese olor.

Han seguido libros como Fram, el oso polar, Cezar Petrescu, con su formato grande, A4, con una portada que traicionaba el paso por muchas manos, de hecho no era mío, sino de una amiguita vecina. Mis padres me regalaron un libro, Iataganul y otros cuentos. Me comí este libro en 2 horas. No salí de la habitación hasta acabarlo. Es cuando, por la primera vez en mi vida fui regañada por leer y dejar de lado cualquier otra cosa. Siguieron muchas otras veces. Empecé el ataque a los libros de mi padre, novela policial. El primero que cayó fue Diez negritos, Agatha Christie. Seguí con otros del mismo rumbo, luego vinieron las novelas de los escritores clásicos rumanos, luego ensayos en las clases de literatura rumana, el cultivo de la crítica de textos para las olimpiadas nacionales de literatura. Le debo mucho a mi profe de literatura del instituto por el culto al libro, por el ojo crítico con los autores y contenidos.

Me da mucha lástima haber pasado por una asignatura que se llamaba Literatura universal, una asignatura preciosa pero poco aprovechada ya que aquello era una carrera de leer si o si, en muy poco tiempo. Tengo que recuperar esta asignatura pero a mi ritmo, con el cuaderno de apuntes a mano. Debo a esta época la lectura de los grandes clásicos: Flaubert, Stendhal, Proust, Faulkner, Garcia Márquez, Dostoiewski, Tolstoi.

En la Universidad el ritmo de lectura se ha hecho todavía más endemoniado. He leído muchísimo, he apuntado todavía más, he sido un mobiliario más en la biblioteca durante los cuatro años de la carrera. No me acuerdo ni de la mitad de todo lo que he leído. Pero muchas veces, cuando tengo una conversación me saltan muchos argumentos que sé que no son míos, sino que los tengo incorporados en mí ser, en mi forma de pensar por las cosas que me he leído. A parte de leer más en detalle obra literaria rumana, me he enfrentado a lecturas duras de poesía francesa modernista, Paul Éluard, Apollinaire. Una delicia de mi época de estudiante ha sido la asignatura de Estudios Francófonos y Canadiense. Es cuando he empezado realmente a leer en francés. Ojala tuviera tiempo  para poder recuperar a esos autores exóticos.

Me he sentido liberada al acabar la carrera ya que leer lo que te imponen durante 8 años llega a cansar. Me rebelé, me sigo rebelando y disfruto como un enano leyendo lo que me da la gana, casi nunca lo que todo el mundo lee, casi nunca best sellers.

Otra etapa fundamental en mi vida lectora es la etapa española. Llevo 11 años en el centro de la península ibérica (literalmente ya que vivo en Pinto, centro geográfico de la península) y a mi llegada aquí ha habido dos herramientas para aprender el español: la música de la radio y la lectura en español. Al inicio he leído a trompicones, con muchas interrupciones para visitar el diccionario, luego con más rapidez, hasta hoy en día que creo no tener más problemas que las mismas con el idioma natal: que hay palabras que son nuevas y hay que buscar a ver lo que quieren decir.

Me he leído libros muy facilones, sin ningún atractivo narrativo, solo por avanzar con mi nivel de inglés. Pero todo lo que me he leído ha tenido algún sentido para mí. Ningún esfuerzo de lectura no se ha quedado sin recompensa.

No tengo buena memoria, cosa que me lleva a los demonios con el tema de la lectura. He leído mucho, por pasión, por ser el único hobby que me permití tener durante muchos años, porqué he seguido una carrera que te obligaba a leer mucho, porque he querido dar de comer a otra pasión mía, los idiomas. Sin que nadie me lo dijera, tuve desde los 14 años cuadernos de apuntes de los libros que me leía. Pero no titulo y autor, no. Tengo muy dentro de mí viviendo a una filóloga que olisquea los libros, lee todos los detalles de las portadas, contraportada y por lo tanto apuntaba hasta el editor y el año. Y a parte, hacía un pequeño resumen del libro, apuntaba fragmentos que me gustaban. Me espanta sin medida esa yo tan atenta al detalle, tan sumergida en este mundo, tan ordenada, tan exigente, tan perfectita. Pero encuentro la escusa para alejar este susto: no tenía mucha opción de ocio. Mi país empezaba a despertar de su sueño con pesadillas totalitarias del régimen de Ceausescu. Salida de una larga etapa comunista, Rumania abría sus puertas al occidentalismo, con sus cadenas de televisión alemanas, italianas, francesas, inglesas, americanas, con las tiendas, restaurantes recién abiertas y con el desconcierto de qué hacer con todo esto. No sabíamos por donde cogerlo todo esto tan nuevo y por si acaso yo no dejé nunca de lado mi pasión: los libros. De hecho, hoy en día, se me ha abierto un mundo de posibilidades de ocio y aún así sigo fiel a mis libros.

 

 

 

Un comentario en “Libros que NO me acuerdo haber leído

  1. Alma dijo:

    Cierto es que, a veces, tanto leemos, que es imposible acordarse de nombres, fechas, escenarios …
    Es más, hay libros que sé que he leído y no me acuerdo… y otros que he comenzado a leer y me sonaban tanto tanto que buscando buscando he visto que hacía mogollón de años ya los había leído.

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