Comiendo, NO hay aviones

Sigo con mi empeño de demonstrar que todo es más sencillo de lo que parece en lo que tiene que ver con la crianza de un niñ@. Nacemos programados para ciertas cosas. No es casualidad que la parte primitiva de nuestro cerebro es la que está bien desarrollada al nacer. Es la que nos ayuda a identificar las necesidades primarias: comer, beber, dormir, seguridad. Parto de la base de que no todos los niños son iguales. No pueden serlo ya que no todos han tenido el mismo  entorno en la tripa de mama, no todos tienen la misma personalidad ni todos reciben el mismo trato durante los primeros meses de vida (tanto para bien como para mal). De estos tres factores determinantes de la vida de un bebé habla Rosa Jove en su libro Todo es posible. Me parece muy importante saberlo.

Cuando un bebé no come, sus razones tendrá. Le vence el sueño, le molesta la tripa, es poco comilón. Dejo puerta abierta para todos los casos de niños y padres desesperados. Si no come nada, días enteros hay que preocuparse e investigar. Si come POCO hay que decir que COME. Algo es algo. Otro gallo cantaría si el niño tiene un peso muy bajo o complicaciones de salud. Lo tenía clarinete al leerme el libro de Carlos Gonzalez y lo tengo todavía más claro ahora en la práctica. Lo que mi niña no come en la comida, lo recupera con la merienda o la cena. O con el biberón. ¿De verdad se puede pensar que en el mundo occidental, a no ser que vivas en situaciones de pobreza, que hoy en día no son pocas,  un bebé se muere de hambre? Echemos un vistazo a la industria alimentar que rodea el mundo bebé. Tremendo desarrollo. Por algo será.

COMER ALGO ES COMER. Hay que valorar esta frase y tomarla literalmente y no modificarla hasta que resulte el pensamiento: “mi niño no me come”. A parte de que la transformamos en algo personal, como si fuera nuestra culpa, tal como lo indica Carlos Gonzalez en su libro Mi niño no me come,  es erróneo pensar que “algo” es equivalente a “nada”. No sabemos con seguridad como funciona el cuerpecito de un bebé, no sabemos lo que mide su estomagó, no podemos controlarlo todo. Pero si podemos leer señales y medir su felicidad que se traduce con tranquilidad, con sueño regulado, con llantos normales avisando de cuando ha hecho pis, caca, de cuando tiene hambre, sueño, sed, necesitad de acunarle para darle seguridad. Al inicio estas señales se hacen complicado descifrarlas. Pero a todo se hace uno. Es tan fácil como esto: vigila que tenga comida, bebida, que esté limpio, que duerma y que se sienta seguro. ¿Requiere mucho tiempo y atención? Sí, mucho de las dos cosas. ¿Requiere mucha paciencia? También. ¿Requiere complicidad con la pareja? Infinita. ¿Requiere delegar en personajes como: mamá, suegra, hermana, amiga? Sí, pero con medida. Creo fuertemente que en estos momentos tan tempranos de  la vida de nuestros bebes, lo más importante son las figuras de mamá y papá.

Si le “leemos” bien a nuestro bebé, aprendemos a respectarle y a darle en todo momento lo que necesita y en su justa medida. Por lo tanto, llegados a la etapa de 6 meses, tal como lo indica Rosa Jove en su libro Todo es posible, es importante más que nunca respectar a nuestro bebé. Es ahora cuando el bebé es más consciente de su alrededor, cuando sufre muchos cambios en sus hábitos de comer, dormir, cambio de cuidadores (guarderías, abuelas), los dientes. Hay que tener en cuanta todo esto y no pedir demasiado y para YA.

Mi bebita ha pasado un día entero sin comer en el hospital después de nacer. Me preocupé muchísimo, pero la tenían muy controlada los médicos. Di con personas muy sensatas que observaron, midieron, intentaron varias opciones, pero en ningún momento obligaron a nada.

Los primeros meses mi baby boom comió cuando le dio la santa gana. Cada 15 minutos a veces, solo un chupetón, cada 4 horas, enganchada 45 minutos, cada 2 horas, cada 5 horas y así alternando hasta los cuatro meses más o menos, con intervalos siempre irregulares. A la larga supe identificar cuando era en realidad hambre y sed y cuando era necesidad de sentirse segura. No siempre he sido paciente, no lo he llevado siempre bien, testigo es mi Pau, pero he seguido siempre un senderito: el de estar atenta a lo que Noa quería. He defendido mucho el término municipal de este senderito y he tenido mucho apoyo por parte de mi compañero de viaje que ha confiado a ciegas en mí.

Lo que más me ha costado ha sido la lucha con el pensamiento de que mi hija se quede en casa con mi madre sin comer, ya que las tetas se iban con mama al trabajo y el biberón no lo quería ni en pintura. Aquí sí que intente obligarla, a ratos. Por supuesto que no conseguí nada. Comió como antes, cuando le dio la gana, cuando tuvo de verdad hambre. Empezó a comer del biberón como del pecho, poco a poco, cantidades ridículas para mí, pero suficientes para ella. Le dimos poco a poco verdura, fruta, carne. Todo muyyyy pocooooo a pocooooo. De nuevo, cantidades ridículas para nosotros y suficientes para ella. Luego vinieron los purés. Al inicio caseros, hechos en gran cantidad y congelados, descongelados. Hasta un día que dijo que ya no puede más, que eso era muy repetitivo. Porqué por más que intentes combinar patatazanahoriacalabacín pollo, guisantespatataternera, calabazapuerrojudiaspavo, puerrozanahoriapatatapescado, sigue siendo aburrido. Además que la textura no gusta. No me gusta ni a mí.  Prefiero comida sin triturar. ¿Quién no? ¿O a caso hay en los restaurantes menús únicamente de triturados?

Empezamos a darle trocitos minúsculos para nosotros, verdaderas bolas para ella,  de verdura, fruta, carne. Le encanto jugar con los trozos, luego llevárselos a la boca y luego compartirlos con nosotros. La pinzita de los dos dedos agarraba cada vez mejor las cosas. Eso duro también solo unas semanas. Justo para cuando pensamos que ya comía como nosotros, pero en trocitos. Nos equivocamos porqué el día menos pensado comió mejor el puré que los trozos.

Desde entonces vamos alternando purés, sopas, trozos. Vamos, como hacemos los mayores también, o no? Ahora, cuando preparo nuestra comida tengo que en cuenta que nuestra bebita se ha apuntado a nuestro menú y no echo mucha sal (nunca comimos con mucha, así que menos sufrimiento), no pongo especias exóticas, tampoco tocino ni picante. Y así vamos, poco a poco. Valoro mucho que prueba cosas variadas de nuestra comida normal. Valoro más la calidad que la cantidad.

En nuestra casa no hay berrinches, ni aviones o pájaros volando y los juguetes se usan solo antes o después de comer. No existen tablets ni tele.  El avión vuela solo cuando miramos el cielo o cuando vamos al aeropuerto. Me siento muy orgullosa de ella, como si fuera un acontecimiento. Pero no, el orgullo de padres no tiene nada que ver con el instinto básico de comer. Así de simple.

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