Mi mamá

Uno de los principios básicos para sobrevivir en este mundo es sentirse a salvo, protegido. En los bebés se ve mejor que nunca que se sufre y mucho si te sientes privado de seguridad. El bebé, entre otras cosas, llora porqué no está ya entre las paredes del útero donde se sentía tan arropado. Muchas mamis tienen a su chiquitines embadurnados en mantas, dormiditos entre cojines para que sientan límites alrededor del cuerpo, como las que sentía en la tripita protectora durante 9 meses.

Me he emocionado mucho con la historia de una compi en la hora de la comida. Esta mami tiene a sus hijos lejos, uno en Francia y otro en Perú. Esta mañana al despertarse y al activar los datos del teléfono, le ha entrado mensajes de whats up. Era su hija, que empujada por un sexto sentido se despertó sin más y se acerco a la cocina que le olía a gas, a fuga de gas. Hizo lo que tuvo que hacer en estos casos, abrir ventanas. Pero hizo también algo maravilloso, algo increíble, algo que demuestra a ciencia cierta que el cordón umbilical que compartimos durante el embarazo con nuestros hijos se prolonga en distancia y en tiempo hasta que tengamos soplo de vida en el cuerpo. Esta chica whassapeo a su madre, a 10000 kms de distancia simplemente para contarle de inmediato el susto que había tenido. No se le ocurrió compartirlo con nadie más, se le olvido horario y distancia. Habrá pensado, “se lo cuento a mi mamá!” y el susto pasa.

Lazos que duran toda la vida, palabra que no se queda nunca obsoleta, calor, comida, ayuda, alivio, felicidad. Todo esto lo contiene “mamá”.

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