Reivindicación y crianza

No me considero feminista ya que llevo poco tiempo leyendo sobre  esta corriente muy arraigada en nuestra sociedad.  Me considero una persona que aspira en encontrar equilibrio en esta vida que se me ha puesto entre las costillas y entre los huesos craneales.  En lo que he leído hasta ahora de literatura feminista no puedo encontrar este equilibrio, encuentro detalles muy extremos que no me pegan nada.  Pero oyes, a lo mejor para despertar de una vez por todas de un sistema patriarcal hace falta ser exageradas. Encuentro también elementos con los cuales me identifico y a los cuales les encuentro de mucho sentido común.

Llevo varios meses tapándome, queriendo y sin querer, con información, sea de libros o de blogs, que tiene que ver con la reivindicación femenina.  Primero ha sido el descubrimiento de una revista diferente a lo que son las típicas revistas de lucir cuerpo 10 o las de ponerte sana solo con ver consejos tipo 10 trucos para…. Esta revista online se llama Proyecto Kahlo y me encanta por su sinceridad, por leer temas diferentes que te llevan a conocer cosas nuevas, acercamientos sin tapujos. Otro encuentro que ha cambiado mi manera de ver a las mujeres y quererlas un poco más es el blog de Erika Irusta, que mencioné otras veces en mi blog  (ver entrada : https://madreaprueba.wordpress.com/2014/12/01/feminas-regla-hormonas/

Y ya lo último, en mi propósito de leer literatura universal que me haga pasearme por todo el mundo sin moverme de la cama, la lectura del libro de Caitlin Moran, Como ser una mujer.

Pienso que nada es casual en esta vida y este interés mío viene de una demanda interior imperativa, demanda de reclamar lo que era antes de ser madre: una chica que se cuidaba bastante, porque es como se encontraba bien, una chica que tenía tiempo a quedar con alguna amiga para hablar sin más; alguien que  se iba a la cama prontito para dormir 12 horas, aquella que amaba cocinar, relajándose un montón haciéndolo y deleitándose con el simple me gusta de la persona que se comía el plato; aquella persona que se levantaba el fin de semana a una hora decente, desayunaba, cogía el libro y se volvía a meter en la cama para engorrar un poco más; la chica que no le importaba planchar  la ropa mientras escuchaba su música favorita, cantando como si se le fuera la vida en ello.

La mayoría de las mujeres de la generación de mi madre me dirían que me puedo olvidar de todo esto ya que ser madre cambia todo, hay que dejar de ser egoísta y pensar en una misma, sacrificarlo todo por los hijos. No me lo creía antes de ser madre; ahora me lo creo y me veo capaz pero sinceramente no me da la gana. No pienso sacrificarlo todo, no soy madre- coraje, no tengo superpoderes y tampoco quiero tenerlos.  Quiero lo mejor para mi hija, es ella y luego todo lo demás. Pero para estar a 100% en este propósito tengo que estar yo bien y para esto tengo que buscar mi tiempo, mi libertad y encontrarme a mi misma en lo que he sido siempre. Quiero al gimnasio, a la pelu, quiero quedar con mis amigas, quiero poder algún día que otro darme un capricho de dormir 12 horas, desayunar y volver a la cama. ¿Suena a tener que clonarme, verdad? La verdad que es casi imposible, pero en este casi entra un montón de opciones y pienso agotarlas todas hasta encontrar la solución del puzzle. No habrá tiempo de hacer todo esto con la frecuencia de antes y tampoco se podrá tener todo en un mes, pero las guerras se ganan con batallas pequeñas y  sus victorias correspondientes.

Hay que romper los modelos de madre- coraje, madre sacrificada, madre a 24 horas. Hay que hacer todo lo posible para ser lo que somos, mujeres que se quieren, se miman y se aceptan como son. Y cuando digo esto no digo hacer todo lo posible para ir subidas en tacones,  siempre arregladas. Va más allá del aspecto físico. Va de estar bien consigo misma, de disfrutar ser madres pero sin olvidar de lo que realmente somos, de lo que nos gusta, de lo que nos conmueve y nos haces felices. Si nosotras somos felices muchas personas de nuestro alrededor lo son y entre ellas, lo más importante, los hijxs.

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