Semana del libro- Importancia del libro en la educación

 

Empecé a leer como posesa con 12 años. Leía todo lo que pillaba, libros de detectives, ficción rumana, aventura francesa, inglesa, poesía. Pero el autor de mis vacaciones de verano era Julio Verne. Como físicamente no viajaba más allá de 30 kms (el pueblo de los abuelos), tenía que viajar de manera imaginaria. Julio Verne para esto era increíble. Sus libros, con sus tapas duras, formato A5, con imagen de portada que ya te invitaba a entrar de pleno en el viaje, a participar sin condición en las aventuras de los personajes.

Una vez abiertos, los libros de este autor estaban llenos de acción, descripción de lugares, animales, plantas, a veces acompañados de fotos en blanco y negro que se clavaban en el cerebro y te hacían soñar en el sueño prolongando así las aventuras noche y día.

Un libro que vive todavía en mi memoria y que me acuerdo hasta de su olor es Los hijos del Capitán Grant. A parte de las aventuras entretenidas allí descritas, me resuena en la memoria la voz de los personajes y me quedo sobre todo con las cualidades de los personajes: Paganel- divertido, Roberto- valiente, Maria- generosa, Lady Helena- noble. Me doy cuenta ahora que los libros son formadores silenciosos de ideas y principios. Nos hacen ver diferentes maneras de afrontar la vida, los actos válidos y los que no lo son. Nos identificamos a calidades de los personajes y descartamos comportamientos abominables.

Los libros entretienen, te hacen viajar sin moverte del sitio pero sobre todo educan. A los padres no se nos puede escapar este último aspecto. Hay  que dejar a mano libros y hay que hacerlo desde bebés. Cuando tiendan la mano, que se encuentren, en vez de un teléfono con juegos o la consola, libros, variados, llamativos, con contenidos entretenidos y educativos. Hay que educarles a respectarlos, a cuidarlos. Se les tiene que hacer carne de biblioteca desde bebés, para participar a talleres de lectura impartidos por profesionales en el ámbito de la biblioteca. Hay que ir luego con ellos a la biblioteca que aprendan a leer en papel, que se empapen del respecto que impone este espacio, del olor a libros, del silencio de la lectura, de la tranquilidad de educar algo impalpable pero que deja marcas para toda la vida.

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