Mami, está lloviendo

Por primera vez en mi vida que llueve y no estoy abatida. En 23 años vividos en Rumanía, la lluvia me ha entrenado a ser como ella cuando estaba presente: gris, triste, abatida. Cuando empezaba a llover en otoño, llovía y llovía sin tener pinta de parar en días. Nunca me ha gustado mirar por la ventana y escuchar el sonido de la caída del agua. La única lluvia que aprecio es la tromba de agua que cae después de días de calor cuando parece que la tierra y todos los que allí viven piden a gritos una ducha inmensa. La lluvia en verano trae alegría,  refresca y sobre todo lo más importante: se pasa rápido.

Esta mañana caía una buena.  Aparqué muy cerca de la puerta de la guardería. Abrí la puerta del coche y Noa exclamó con una sonrisa de oreja a oreja: “Mami, está lloviendo!  Qué bien! “. Para ella la lluvia es paraguas con hello kity, saltos en los charcos y risas.

Me dio igual todo luego. El recuerdo de esta sonrisa borró el atasco de la A4, el lunes infernal de trabajo, la comida de prisa.

Pienso comprarnos unas botas de agua y saltar juntas en los charcos la próxima vez que llueva.

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